'las armas que más brillan en mis manos'

por Patricia Rizzo

El punto de partida es la evocación a toda una diversidad de paisajes caóticos; erupciones, tornados, focos de incendio, derrumbes, bombardeos y tormentas amenazantes son sólo algunas de sus fuentes documentales. La paradoja es que esa experimentación entre los distintas formatos y elementos pictóricos no deja de citar las fuentes pero en el cuerpo de obra resultan de un delicado despojo que  visualmente no parece tan ligado a imágenes de destrucción. 

La opción pictórica de la paleta monocroma, ya que sólo se trata de blancos, grises y negros en variaciones de tonalidades y la economía de medios entre los distintos formatos, son elecciones deliberadas que operan discursivamente. El desafío que Nina Kunan se auto plantea como artista es extender el límite de lo visual, investigar los alcances de la pintura y es en ese caso que pocos materiales, pocos elementos y ausencia de color pueden evidenciar de manera más elocuente todo ese caos en el que indaga. Verifica que en la pintura –al menos para su línea de investigación- de alguna manera menos es más y en tanto se trata de un replegado introspectivo, en el que la estética se manifiesta en una tensionada austeridad. Dedica también un espacio de reflexión y señalamiento a toda la problemática social de la que se nutren sus imágenes y las señala, pero logra hacerlo de una manera lateral, que no excluye lo lúdico. Favorece el lenguaje pictórico por sobre el documento y trasciende las formas para llegar a su sentido. 

Las armas que más brillan en mis manos remite a la idea de arte como arma de doble filo, una cita al poeta español Miguel Hernández. Es que Nina, a pesar de que intervienen la puesta con bastidores rotos, redes industriales, cemento y restos de escombros, no reniega del toque armonioso y elegante que emana de su obra a pesar de todo ello y de las temáticas violentas que tomó como punto inicial. Le pone el cuerpo pintando con las manos en una postura situacional, queriendo ser parte e intensificando la cercanía con la obra, pero aceptando de antemano la frustración: las manos nunca consiguen la definición del pincel, se convierte entonces en una batalla por alcanzar una figuración que sabe poco posible de realizar.

Lo descartado, lo oscurecido, activando las energías latentes. La creencia en el potencial inmanente de los objetos y de las imágenes, el uso de estéticas anacrónicas y objetos obsoletos por la convicción de que hay en ellos presencia real, energías que es posible activar.

(Susan Buck-Morrs: Dialéctica de la mirada, Walter Benjamin y el proyecto de los Pasajes, Madrid, Visor, 1995)

[abril 2017]